MIRANDO A LA PELVIS CON AMOR.
¿CÓMO
PERCIBES TU CUERPO?
Hay
una percepción de nuestro cuerpo muy
importante, que es la percepción interna. Muy pocas veces o ninguna, se nos
propone ir a explorar las sensaciones del interior de nuestro cuerpo. Es
probable que las personas que no tienen bloqueada esta vía lo hagan
inconscientemente. Para muchas es conocida esta certeza que, a veces aparece de
pronto, sobre algo que nos está pasando; esta certeza que nos da información y que surge desde nuestro
interior, pero que no sabríamos muy bien describir de donde viene. Viene de
este lugar donde sabemos todo sobre nosotras. A veces la llave para llegar a él
aparece espontáneamente. Otras es suficiente proponernos llevar nuestra
atención a este plano para lograrlo. Sin embargo, cuando la historia de nuestra vida nos ha
cerrado ciertas puertas, es preciso ejercitar de nuevo esta capacidad para
recuperar estos puntos de referencia perdidos.
Hay
un elemento cultural, que hace que cada cultura
forme a sus individuos desarrollando
mayormente una parte de sus capacidades y olvidando otras, o ignorándolas.
Todas nosotras sabemos la cantidad de horas que hemos pasado sentadas, sin
movernos mientras los/las maestros/as alimentaban nuestro cerebro de muchos datos y
pocas experiencias. La verdad venía siempre del exterior. Nadie nos enseñaba a
ir a escuchar respuestas en lo más
profundo de nuestro ser. Más bien éramos enseñadas a ir siempre a buscarlas
afuera. En el saber siempre superior del otro: padre, madre, maestro/a. Así
aprendíamos a desconfiar, a ignorar toda respuesta que viniera de nuestro
interior.
En
la cultura oriental, a través de la meditación hay un mayor desarrollo de estas percepciones internas. Si a la larga
experiencia de estas culturas orientales, le añadimos el conocimiento
desarrollado en occidente referente al funcionamiento del inconsciente humano,
encontraremos una herramienta poderosa para ayudarnos a recuperar jirones de
nuestra identidad perdidos a lo largo de nuestra historia que nos hacen sentir,
en determinadas áreas de nuestro ser, frágiles y vulnerables. Pues, lo que
perdemos como identidad propia, lo sustituimos con puntos de referencia
externos que se convierten en juicio y exigencia.
Estamos en la era de la imagen. En la
sobre valoración de la imagen. Nos miramos en el espejo y nos juzgamos a través
del sentido de la vista. La obligación de acercarnos a una imagen determinada,
a enjuiciarnos según este modelo, nos ha alejado en gran parte de nosotras. El
cómo nos sentimos por dentro, ocupa cada vez menos lugar. Hemos aprendido a
mirarnos desde la mirada que el otro/a va a posar sobre nosotras. Esto equivale
al juicio. Y el juicio es enemigo del amor. ¿Cómo podemos amarnos entonces?
UTILIZAMOS
LOS MÚSCULOS PARA OLVIDAR.
En
la historia de nuestra vida posiblemente encontremos otras razones por las que
nos hemos alejado de esta capacidad. Si siendo bebés fuimos tocadas con amor;
si, al madurar nuestro sistema nervioso no tuvimos que utilizar muchos de
nuestros músculos para bloquear sensaciones, informaciones o respuestas, que
nos habrían producido miedo o sufrimiento; si fuimos aceptadas tal como éramos
y no tuvimos que cerrar los impulsos y emociones que venían de dentro para ser
aceptadas, probablemente tengamos una buena conciencia corporal y podamos
fácilmente ser conscientes de estas percepciones internas.
Sin
embargo para muchas no ha sido así. Y, para retener los impulsos o impedir la
llegada de las informaciones a la conciencia, utilizamos la musculatura.
Observa como se tensa tu brazo cuando retienes las ganas de dar un puñetazo a alguien, o como
tensas todos los músculos de la parte anterior del cuello cuando quieres
detener el llanto. Este mecanismo, en este ejemplo, es más o menos consciente.
Pero la orden en nuestro cerebro queda y el mecanismo se vuelve crónico e
inconsciente cuando las situaciones han sido repetidas o, si en algún momento
de nuestra vida hemos tenido la necesidad de aislar energéticamente,
sensitivamente, una zona de nuestro cuerpo, porque sentirla era, entonces,
fuente de conflicto. Estas tensiones musculares profundas y crónicas bloquean
las terminaciones nerviosas disminuyendo así las sensaciones y la intensidad de
las informaciones que nos mandan nuestros sentidos. Debido a la presión de
estas tensiones sobre los sistemas circulatorio y linfático, la irrigación
sanguínea con su aporte de oxígeno disminuye. Para mantenerla en sordina, queda
así aislada la zona, disminuyendo en ella la sensación de vida y nuestra
percepción consciente de ella.
Es
además, en estas zonas ya contraídas crónicamente donde, al vivir situaciones
de estrés físico o emocional, se acumulará un poco más de tensión. Hasta llegar
a un cierto umbral, pasado el cual se manifestará a través de problemas
funcionales, de sensación de malestar o tensión y diversas patologías.
Para muchas mujeres, la pelvis ha sido una
zona conflictiva.
Conflicto
cuando los padres exigían no hacerse pis antes de que los esfínteres estuvieran
maduros. ¿Cómo lograrlo entonces? Si de ello dependían el amor o el castigo, la
niña aprendía a contraer los músculos de la pelvis para así sustituir lo que
aún no podían hacer sus esfínteres. Y la orden quedaba, con el tiempo
automatizada: no soltar. Me he encontrado con muchos adultos que, al lograr
relajar la musculatura profunda pélvica, se levantaban corriendo con la
sensación de haberse orinado.
Conflicto
con el entorno, cuando, alrededor de los tres años, al llegar la maduración
muscular y nerviosa a la zona genital, la niña se interesaba, por estas
cuestiones e intentaba explorar sus sensaciones.
Conflicto,
si era mal mirada, mal tocada u objeto de observaciones o insinuaciones
sexuales de parte de algún adulto malsano.
Conflicto
si la llegada de la menstruación era vivida entre el rechazo y la ignorancia.
Conflicto
por la estimulación y la prohibición social simultáneas de la sexualidad.
Conflictos
afectivos reavivados en la adolescencia,
fuentes de confusión entre afecto y sexualidad.
Y
un largo etc…de modelos, silencios, miedos, represiones transmitidas a través
del inconsciente colectivo femenino, que no nos prepararon precisamente para
tener una relación amorosa con esta parte de nuestro cuerpo, que debería ser
una maravillosa fuente de vida y de placer.
Por
ello tantas y tantas mujeres tienen problemas de ovarios, de reglas, de
disfunciones hormonales y sexuales, de infecciones repetidas. Una pelvis
contraída, tensa, bloqueada tiene menos defensas. Está en perpetuo estado de
alerta, predominando en ella la acción del sistema simpático que es la parte
del sistema neurovegetativo que prepara el cuerpo para la defensa. Este sistema
actúa como si dijera a nuestro cuerpo:
“ahora no es el momento de asimilar, segregar hormonas, reciclarse, disfrutar
etc…Todo esto puede esperar. Es el momento de prepararse para defendernos, huir
o pelear; hay que tensar los músculos, hacer funcionar la mente y acelerar el
corazón”. Este mensaje es un mensaje hormonal.
Pero
muchas veces la respuesta adecuada para la que ha sido preparado el cuerpo no
llega. Nuestra educación y el miedo nos enseñan
más bien la inhibición de acción. Y la orden de defensa permanece,
retroalimentada por todo un encadenamiento hormonal que cierra un círculo
vicioso.
LAS
TENSIONES MUSCULARES ESTRUCTURAN LA FORMA DEL CUERPO.
¿Cómo
se manifiestan en el cuerpo estas tensiones?
Cuando
son antiguas, crónicas, han estructurado la forma de nuestro cuerpo y con ello
condicionado desde la niñez nuestra manera de estar en el mundo, puesto que
nuestra estructura corporal siempre corresponde a una estructura psicológica y
condiciona la circulación energética. La
forma siempre condiciona la función.
Estas
tensiones quedan escritas en la curva demasiado acentuada de la zona lumbar, en la rotación de las
rodillas hacia dentro que cierran los muslos y los genitales, en el
desequilibrio entre la extrema tensión de los músculos de la espalda y la flacidez del vientre.
O,
de otra forma en las pelvis donde casi
ha desaparecido la curva lumbar arrastrada por la extrema tensión de las
nalgas, y los muslos. En los huecos
profundos que se marcan en las caderas y en la gran tensión del vientre.
Según
se hayan estructurado estas tensiones, condicionarán de una manera u otra
nuestra salud y nuestra sexualidad.
Muscularmente
no se puede aislar a la pelvis de la espalda -los músculos largos de la espalda
tienen todos su inserción en ella- ni de
las piernas -los músculos largos del muslo tienen también todos ellos una
inserción en la pelvis- . Por lo tanto para liberar las tensiones de la pelvis
habrá que estirar y relajar todo el cuerpo con especial atención en la espalda
y las piernas.
Por
ello, para mejorar la circulación energética y ayudar a abrir bloqueos, serán
siempre más aconsejados los ejercicios que flexibilizan la musculatura que los
que pretenden muscular. Un músculo contraído siempre está acortado.
Hipertrofiar un músculo ya contraído aumentará el bloqueo.
Relajar,
flexibilizar la musculatura, liberar la respiración, soltará la presión de las
terminaciones nerviosas, ayudando a
despertar de nuevo las sensaciones corporales y a canalizar mejor nuestra
energía. Armonizando nuestro cuerpo nos damos nuevas posibilidades para sentir.
Sin
embargo después de un trabajo corporal o de un buen masaje, si nuestra
finalidad es recuperar, habitar de nuevo todas estas zonas de nuestro cuerpo
dormidas y bloqueadas recuperando sus significados, podemos aprender a utilizar
las vías, que han relajado y abierto
estas técnicas, para encontrar o
recuperar nuestro sexto sentido: la percepción
interior.
Si
no tienes ocasión de participar de un
trabajo corporal o un buen masaje,
puedes también utilizar las visualizaciones que voy a proponer. Quizás
te ayude si haces algún ejercicio previo de relajación.
COMO
VIAJAR AL INTERIOR DE TU CUERPO.
Para
ello, te propongo buscar un espacio de paz y tranquilidad para tumbarte
cómodamente. Un volumen (por ejem. una manta enrollada) debajo de tus rodillas
te ayudará a encontrar un buen apoyo de la zona lumbar permitiendo así una
mejor conexión energética.( Puedes sentarte si lo prefieres) Y te invito a
hacer un viaje - espero que muchos viajes- , hacia tu pelvis, hacia tu útero.
Imagina,
al expulsar suavemente el aire, que buscas un camino con tu conciencia, tu
energía, o tu atención (como quieras llamar a este sexto sentido) hacia la
pelvis como si fueras a explorar una habitación o una cueva; otra posibilidad:
imagina tu pelvis como si fuera un globo con esta forma y quisieras hincharlo.
En cada espiración imaginas como este
espacio se va llenando con tu energía cálida hasta ocuparlo todo...Tanto si
eliges una manera u otra, intenta dejar la mente en blanco y estar solamente
allí, en tu pelvis, con la respiración, permitiendo que aparezca cualquier
información.
¿Qué ves allí? o
¿qué sientes cuando
vas a llevar la respiración a esta parte de tu cuerpo?
¿te resulta fácil
llenar este espacio?
Si solamente lo
consigues por zonas ¿en cuales si y en cuales no?
¿qué sientes cuando
intentas ir a llenar las zonas oscuras?
Si te pones nerviosa
o tensa, chilla o patalea, o mueve de alguna manera tu cuerpo para descargar
esta tensión que ha aparecido. Si le das expresión hacia fuera no quedará
guardada al interior de tu cuerpo.
Y pruébalo de nuevo. Date tiempo. No tires
la toalla a la primera dificultad. Para algunas es más fácil ver imágenes, para
otras percibir sensaciones sutiles. Para otras se trata simplemente de ir
creando poco a poco este espacio energético, habitando la pelvis. No hay bien ni mal. Lo que aparece
está bien. Confía en lo que te dice tu cuerpo.
Pudiera ser que encontraras dificultades,
alguna barrera, al intentar abrirte camino con la espiración hacia tu pelvis.
Intenta saber donde la situarías. ¿En la cintura? ¿más abajo?
Utiliza la
visualización. Si, por ejemplo, cada vez que lo intentas no encuentras más que
oscuridad, quizás te sirva imaginar que tienes una linterna o un haz de luz y
que la luz penetra cada vez, con cada espiración, un poco más esta oscuridad.
O, pudiera ser que encontraras algo parecido a una pared que no deja pasar tu
energía; podrías tal vez imaginar que esta pared es de arena y que en cada
espiración haces un agujero más grande en ella. Quizás no puedas pasar
totalmente el primer día. Pero si eres
constante, verás que cada día podrás pasar un poco más. Estos ejemplos son
sugerencias; mejor aún sería utilizar tus propias imágenes, las que aparezcan
sin razonar. Estas son las que tienes archivadas en tu inconsciente y las que
mayormente te hablarán.
HÁBLALE
A TU CUERPO CON IMÁGENES.
Las
imágenes son el lenguaje del neurovegetativo, esta parte del sistema nervioso
que está muy relacionado con nuestro inconsciente. Si, por ejemplo, damos la
orden a nuestro sistema digestivo de segregar sus jugos digestivos,
difícilmente lo vamos a lograr. Sin embargo si le mandamos una imagen lo más
vivida posible de un limón que se parte
y del que dejamos caer una gota de zumo en nuestra boca, inmediatamente nuestro
aparato digestivo segregará sus jugos. Hay una parte de nuestro cerebro, que
recibe las imágenes tanto si estas son
reales o imaginadas y el sistema neurovegetativo actúa en consecuencia.
De allí la gran importancia de las imágenes y pensamientos que mandamos
continuamente a nuestro cuerpo.
Muchas
mujeres tienen una relación hostil, de rechazo, de negación con sus genitales y
su ciclo. Puede ser fruto de experiencias traumáticas, de menstruaciones o
tensiones premenstruales dolorosas o de múltiples conflictos.
Muchas
veces, esta relación negativa es la que toma el relevo y perpetúa una primera
relación traumática que vino del exterior. Inconscientemente, con este rechazo
no hacemos más que perpetuar, asumiéndola nosotras mismas, la actitud que nos
dañó. Mientras una mujer tenga una relación negativa con su ciclo, sus
genitales, estos continuarán en situación de defensa, en simpaticotonía,
manteniendo el problema.
Aunque
no es fácil romper esta relación negativa cuando hay traumas, dolor o
problemas, es esta relación misma, con las imágenes negativas que comporta, la
que mantiene el círculo vicioso.
Para
ayudarnos a cambiar estas imágenes, a cambiar nuestra relación con nuestra
pelvis, es de gran ayuda la visualización. Poder transformar esta relación
negativa en una relación amorosa es lo
que va a posibilitar el cambio profundo. Cambio que irá mucho más allá de una
simple imagen.
Si
tienes problemas funcionales o alguna patología, mira bien la reproducción de los genitales tanto
internos como externos en un libro de
anatomía. ¿Te has fijado alguna vez en lo hermosos que son las trompas y los
ovarios, envueltos en una tela nacarada como las alas de una mariposa?; ¿y en
el cuello del útero rosado y brillante? Cuando, relajada, te concentres en tu
respiración, manda en cada espiración, buscando este camino por el interior de
tu cuerpo, la imagen de la salud a tus ovarios y útero.
TRANSFORMA
LA RELACIÓN CON
TU CUERPO Y TE TRANSFORMARÁS.
Si
logramos paulatinamente ir transformando nuestra relación con nuestra pelvis,
nuestros genitales, en una relación de amor, los cambios harán poco a poco su
aparición tanto en el terreno psíquico como en el físico.
En
el plano físico veremos que, como consecuencia de este proceso, lograremos
relajar poco a poco las tensiones profundas del vientre, mejorando el
funcionamiento de las vísceras que estarán menos presionadas, con mejor
circulación sanguínea, linfática y energética. Si la musculatura lumbar (y, en
consecuencia toda la cadena muscular de la espalda) está más flexible y
relajada, los nervios que inervan la pelvis, aprisionados entre las vértebras y
los músculos agarrotados se liberarán, con la consiguiente mejora funcional.
Al
nivel energético, en el centro de la pelvis, dos traveses de dedo debajo del
ombligo, está situado el chakra Hara. Coincide con nuestro centro de gravedad y
con el útero (centro de la vida). En muchas técnicas de meditación orientales
se aprende a centrar la respiración y la atención en este chakra como puerta de
entrada a la parte más profunda de nosotras mismas. Desde otro punto de vista
más occidental, pero en absoluto en contradicción, canalizar la energía a la
pelvis, ayudará a bajar el exceso de tensión en las partes altas del cuerpo.
Tranquilizará la mente y mejorará las funciones de los órganos de la pelvis
incluida la sexualidad.
Me
resulta difícil describir lo que puede significar psíquicamente recuperar una
buena relación con esta parte de nuestro cuerpo. ¡Puede significar tantas
cosas! Puede significar la aparición de
sentimientos olvidados, el cierre de viejas historias. Recuperar la percepción
perdida de zonas de nuestro cuerpo, tiene que ver con la conciencia corporal,
con recuperar un pedazo de nuestra identidad, con nuestro “Yo” corporal.
Transformar nuestra relación con nuestra pelvis, nuestros genitales, es también
transformar nuestra relación con nuestra femineidad. Por lo tanto nuestra
relación con nosotras y, en consecuencia con los/las demás. Conocernos será
amarnos y amarnos será respetarnos.
Así
pues...¡¡ buen viaje!!
Malén Cirerol.
Malén Cirerol.
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