domingo, 15 de abril de 2012

La pelvis, el útero y la diafreo.

Cuando comencé a leer a Casilda Rodrigáñez, comprendí muchas cosas sobre el mundo, pero me impactaron las afirmaciones sobre la desconexión con el útero. Empecé a intuir que en mi cuerpo había algo más, no sólo un tipo de orgasmo uterino que me estaba perdiendo, sino también otros placeres y otros sufrimientos escritos en él. “Pues si tengo la pelvis atrofiada, me apunto a danza del vientre ya”. Y eso hice. Además de interesarme por el parto natural, albergar ideas de querer ser comadrona, (incluso estuve ayudando en México a una partera tradicional durante un mes) hacer alguna charla sobre cuerpo y sexualidad en algún congreso y colaborar en talleres de reconexión con la pelvis con una terapeuta reichiana, eso no era todo.
La danza del vientre me abrió un mundo, me ayudó a soltar (aún me dedico y estuve dando clases un tiempo) y me conectó con mi sensualidad, pero seguía faltando algo, yo seguía sin sentir mi útero, sabía la teoría pero mi cuerpo no respondía, el camino no era tan corto!! Quedó claro para mí observando el mundo de la danza oriental, que se puede bailar danza del vientre con una técnica impecable , y totalmente desconectada del interior.
Fué solo cuando contacté con la Diafreo que di con la llave, y todas las partes se empezaron a juntar como si fuera un puzzle que llevara todo el tiempo esperándome.
Lo primero que me sorprendió fué darme cuenta de que no era sólo el útero de lo que estamos desconectadas, la mayoría no habitamos internamente nuestro cuerpo ni sabemos reconocer las señales que nos manda.
A esto le llamamos la coraza, en palabras de Wilhem Reich, y es sobre todo muscular. Usamos los músculos para olvidar. Para no sentir un dolor o aislar una información conflictiva que proviene de nuestro cuerpo, para no expresar (retención de la expresión emocional, llanto, golpes, miedo) tensamos los músculos, paramos la respiración. Si este tipo de respuesta se repite y se hace crónica, al final tenemos unos músculos tensos, acortados, que determinan nuestra forma corporal, sacando las articulaciones de su eje armónico, condicionando la forma de nuestro cuerpo y un mecanismo de respuesta aprendido que nos hará reaccionar igual cuando una situación se parezca o nos evoque la situación traumática, patrones de comportamientos que queremos cambiar desde la voluntad y tanto nos cuestan porque no es la mente la que responde, sino todo el cuerpo. Músculos, hormonas, respiración etc.
Los sistemas de poder, la jerarquía, el juicio, el chantaje, la baja autoestima etc.. están escritos en nuestros cuerpos y si no nos recuperamos desde este primer lugar seguiremos repitiendo patrones de injusticia, contra nosotras y el resto, comportamientos patriarcales o lo que cada uno lleve dentro por su historia personal, de manera inconsciente.
Respecto a la pelvis “todas sabemos la de horas que hemos pasado sentadas sin movernos mientras nos alimentaban el cerebro de datos y pocas experiencias. Aprendimos a desconfiar de las respuestas que venían de nuestro interior. No nos sentimos desde dentro. Estamos en la era de sobrevaloración de la imagen. Nos miramos en el espejo y nos juzgamos a través de la vista. Nos obligamos a acercarnos a una imagen determinada y enjuiciarnos desde este modelo, lo que nos aleja de nosotras. No importa como nos sentimos por dentro. Nos miramos desde la mirada que el otro va a posar sobre nosotras. Esto equivale a juicio, y el juicio es enemigo del amor. ¿Cómo podemos amarnos entonces?” (Cirerol, M.)
Para muchas mujeres (los hombres también tienen conflictos con sus pelvis) la pelvis ha sido una zona conflictiva: Para no hacerse pis antes de completar la maduración de esfínteres, (contracción de la musculatura pélvica para sustituir esfínteres), la orden se automatiza: no soltar. “Conflicto en el entorno cuando la niña se empieza a tocar. Conflicto si se ha sido objeto de cualquier tipo de abuso o insinuación sexual. Conflicto con la llegada de la menstruación, conflicto por la estimulación y prohibición simultáneas de la sexualidad. Y un largo etc de modelos, silencios, represiones transmitidas a través del inconsciente colectivo femenino que no nos prepara para tener una relación amorosa con esta parte del cuerpo, que debería ser fuente de vida y placer.” (Cirerol, M.)
Sin contar la falta de información en nuestra infancia, acerca de qué es el útero, los genitales, para que sirven, cómo funcionan los ciclos femeninos, y por supuesto ningún tipo de estimulación a la escucha de estos órganos ni a la escucha de nuestro propio cuerpo (sensaciones y emociones). Tampoco hacemos vida en asientos bajos ni en cuclillas, y alejamos nuestra pelvis del suelo todo lo que podemos (tacones, plataformas..), de hecho mover la pelvis en danza, por ejemplo, se tiene como una invitación al hombre al sexo, como un modo de conquista del macho, y esto es sólo un ejemplo de la gran violencia interiorizada contra la mujer, que todas y todos llevamos dentro.
Qué diferencia con los orientales para los que la pelvis, el vientre, es el centro de la vida, el hara, el almacén de nuestra energía vital, donde se crea la vida, el centro de la creatividad.. Poder sentir y habitar nuestra pelvis nos conecta con la tierra, nos ayuda a estar presente y no desestructurarnos, a estar en paz.
Todo esto sólo en nuestra pelvis!!
Muchas mujeres tienen problemas de menstruación, ovarios, infecciones repetidas. Una pelvis contraída tiene menos defensas, peor circulación sanguínea y energética y peor drenaje.
¿Cómo, ante este panorama podemos querer ir a conectar con el latido del útero, al que sólo sentimos cuando nos duele?

En Diafreo a partir de un trabajo basado en la fisioterapia de Mézières buscamos devolver poco a poco el cuerpo a su eje armónico, pero en este camino se despierta la memoria muscular, al abrir vías aparecen las causas de las tensiones, las emociones retenidas, informaciones no accesibles hasta el momento, que intentamos acoger, expresar y elaborar.
Después y a veces durante el trabajo, proponemos las visualizaciones, muy importantes para la reconexión, el ir a ocupar nuestra pelvis desde dentro. Pero sobre todo, será el poder vivir las emociones retenidas, sin catarsis, sin volver a tensar, integrándolas, y cambiando el patrón de respuesta, lo que nos permitirá poco a poco acceder de nuevo a nuestras atrofiadas pelvis, liberar la tensión y habitarnos y disfrutarnos.
Suele ser un camino lento, pero eficaz, que nos ayuda a cambiar este violencia interiorizada contra nosotras mismas: (culpa, baja autoestima, etc) con las implicaciones que estos cambios pueden tener a nivel social, y de las siguientes generaciones de niñas sintiendo sus pelvis y úteros vivos, aprendiendo una relación sana y de auto-amor, ayudando así a que las mujeres nos reapropiemos de nuestro espacio, en todos los sentidos.
Salud y buen viaje!

Carolina Izquierdo Amaruch


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