miércoles, 20 de enero de 2016

HUÉRFANA DE PADRE (o quizá fue antes...)


I

Esperar una llamada, esperar atención,  reconocimiento. Esperar propuestas, miradas, caricias, abrazos.

Conformarte con poco y   recobrar la ilusión.. ¿ahora me verá? Qué me vea! Oh no! ¿Y si me ve de verdad y se da cuenta de que no soy lo suficiente?

Poner ahí la esperanza, la ilusión. Y olvidarte de ti. Y perdonarle todo, porque por fin te ve, y crees que sin su mirada no puedes vivir.

Y la traición del abandono adulto se convierte en una traición interior que repetimos a lo largo de nuestra vida.


II

“Si no sanamos la parte masculina dentro de nosotras mismas, no tendremos una buena relación con los hombres”.

Si no sanamos nuestro “hombre interior” no sanaremos.

Pero ¿cuál es esta parte masculina? Quizá es una parte fuerte que puede cuidarnos y  hacerse cargo, para que no necesitemos ir a buscarlo fuera, llevando esa responsabilidad a nuestros compañeros sentimentales.

Pero también esta es la parte Artemisa, la independiente, que se hace cargo de si misma, toma decisiones aunque pague prenda. Es certera, y amiga de las mujeres.

Es la parte independiente, que no busca, que no está siempre disponible (no está siempre disponible, no está siempre disponible, no está siempre disponible!!)

III

“No agradecer es no saber recibir, y viceversa”

Pero qué difícil agradecer cuando mi niña interior cree que se lo deben! Cómo entro en la exigencia, me pongo cómoda en el abandono, en ese fondo amargo y de rencor, conocido. Es algo denso, mezclado con miedo, algo viejo. Es casi una certeza inamovible, que la quiero vomitar, gritar, escupir.

Que se convierta en rabia.

Quiero darle un puñetazo en la cara a esa figura que desaparece cuando más la necesito, cuando todo va a ser rosa, la vida va a ser bella y comienza o prosigue la felicidad, y entonces, de repente, parece como si el propio miedo a perderla me volviera inútil, no espontánea, como si lo que me dan fuera demasiado para mi.

Entonces él se va, desaparece sin dejar rastro, dejándome en una angustiosa incertidumbre (volverá?).

Y el rosa se vuelve gris. El aire, un medio difícil. Pero lo peor es sentir que hay algo en mí que no está bien, que hice algo mal y por eso desaparecieron.

No me vieron de verdad?
O precisamente me vieron de verdad?

Ahora, ya de adulta, esto es un lastre, no lo quiero ya más en mi vida. Además no es mío, es de mi padre, es de mi madre, no es mío, no lo quiero.

Mis partes femenina y masculina dándose la espalda, mi parte fuerte y la niña herida dándose la espalda.
Yo, buscando defectos en el espejo. Yo, buscándome en la mirada ajena, dando la espalda a mi propia mirada amorosa.
Yo, desoyendo mi propia llamada desesperada de cariño. Yo, desapareciendo cuando todo empieza a estar bien, haciéndome a mi misma lo que me hicieron, abandonándome.
Sin verme, sin reconocerme, sin sentir amor.

Ya empieza a ser hora de que todo esto quede en el pasado.

Soltar lastre, flotar.
Cambiar las hojas, mudar.
Cambiar la piel de la serpiente.
Ver mi nueva piel y verme, reconocerme!
Atenderme, mirar al espejo sin miedo. O mirar con miedo y acogerlo.
Invocar a Artemisa y protegerme.

Expresarme, cuidar a la niña…
Atreverme a sentir un profundo amor y agradecimiento hacia mi, que soy la vida, a la vida, que es todo, a las mujeres, mis hermanas, a los hombres, la tierra, el cielo..

Comienzo a hacerme las paces.

(Y el amor… gracias Xènia, por el huevo de jade!)

                                 Octubre 2013

2 comentarios:

  1. no tengo palabras...muy revelador...como llegar a traspasar eso y amarnos?? he probado mil cosas y aún no lo consigo. la diafreo me ayudaría??

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    1. Creo que la Diafreo, al ayudar a reencontrar el propio espacio en el cuerpo y habitarlo, ayuda a elaborar los duelos de abandono, a poder vivir y expresar las emociones que se retuvieron en su momento, y esto nos puede reconectar con el amor y el espacio interno.

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