I
Esperar una llamada, esperar atención,
reconocimiento. Esperar propuestas, miradas, caricias, abrazos.
Conformarte con poco y recobrar la ilusión.. ¿ahora me verá? Qué me
vea! Oh no! ¿Y si me ve de verdad y se da cuenta de que no soy lo suficiente?
Poner ahí la esperanza, la ilusión. Y olvidarte de ti. Y perdonarle
todo, porque por fin te ve, y crees que sin su mirada no puedes vivir.
Y la traición del abandono adulto se convierte en una traición interior
que repetimos a lo largo de nuestra vida.
II
“Si no sanamos la parte masculina dentro de nosotras mismas, no
tendremos una buena relación con los hombres”.
Si no sanamos nuestro “hombre interior” no sanaremos.
Pero ¿cuál es esta parte masculina? Quizá es una parte fuerte que puede
cuidarnos y hacerse cargo, para que no
necesitemos ir a buscarlo fuera, llevando esa responsabilidad a nuestros
compañeros sentimentales.
Pero también esta es la parte Artemisa, la independiente, que se hace
cargo de si misma, toma decisiones aunque pague prenda. Es certera, y amiga de
las mujeres.
Es la parte independiente, que no busca, que no está siempre disponible
(no está siempre disponible, no está siempre disponible, no está siempre
disponible!!)
III
“No agradecer es no saber recibir, y viceversa”
Pero qué difícil agradecer cuando mi niña interior cree que se lo deben!
Cómo entro en la exigencia, me pongo cómoda en el abandono, en ese fondo amargo
y de rencor, conocido. Es algo denso, mezclado con miedo, algo viejo. Es casi
una certeza inamovible, que la quiero vomitar, gritar, escupir.
Que se convierta en rabia.
Quiero darle un puñetazo en la cara a esa figura que desaparece cuando
más la necesito, cuando todo va a ser rosa, la vida va a ser bella y comienza o
prosigue la felicidad, y entonces, de repente, parece como si el propio miedo a
perderla me volviera inútil, no espontánea, como si lo que me dan fuera
demasiado para mi.
Entonces él se va, desaparece sin dejar rastro, dejándome en una
angustiosa incertidumbre (volverá?).
Y el rosa se vuelve gris. El aire, un medio difícil. Pero lo peor es
sentir que hay algo en mí que no está bien, que hice algo mal y por eso
desaparecieron.
No me vieron de verdad?
O precisamente me vieron de verdad?
Ahora, ya de adulta, esto es un lastre, no lo quiero ya más en mi vida.
Además no es mío, es de mi padre, es de mi madre, no es mío, no lo quiero.
Mis partes femenina y masculina dándose la espalda, mi parte fuerte y la
niña herida dándose la espalda.
Yo, buscando defectos en el espejo. Yo, buscándome en la mirada ajena,
dando la espalda a mi propia mirada amorosa.
Yo, desoyendo mi propia llamada desesperada de cariño. Yo,
desapareciendo cuando todo empieza a estar bien, haciéndome a mi misma lo que
me hicieron, abandonándome.
Sin verme, sin reconocerme, sin sentir amor.
Ya empieza a ser hora de que todo esto quede en el pasado.
Soltar lastre, flotar.
Cambiar las hojas, mudar.
Cambiar la piel de la serpiente.
Ver mi nueva piel y verme, reconocerme!
Atenderme, mirar al espejo sin miedo. O mirar con miedo y acogerlo.
Invocar a Artemisa y protegerme.
Expresarme, cuidar a la niña…
Atreverme a sentir un profundo amor y agradecimiento hacia mi, que soy
la vida, a la vida, que es todo, a las mujeres, mis hermanas, a los hombres, la
tierra, el cielo..
Comienzo a hacerme las paces.
(Y el amor… gracias Xènia, por el huevo de jade!)
Octubre 2013
no tengo palabras...muy revelador...como llegar a traspasar eso y amarnos?? he probado mil cosas y aún no lo consigo. la diafreo me ayudaría??
ResponderEliminarCreo que la Diafreo, al ayudar a reencontrar el propio espacio en el cuerpo y habitarlo, ayuda a elaborar los duelos de abandono, a poder vivir y expresar las emociones que se retuvieron en su momento, y esto nos puede reconectar con el amor y el espacio interno.
EliminarMuy interesante, así como todas las terapias para aumentar la conciencia (diafreoterapia, antigimnasia, MLC, etc). El problema es cómo está montado todo, que se resume en sacrificios y obligaciones (colegio, trabajo, familia, pagos pendientes, etc). Todo esto nos estresa y no nos permite tener tiempo para nosotros, para cultivar nuestra conciencia. No puede ayudarnos mucho ninguna terapia porque la practicamos un rato y luego volvemos a la vorágine de la vida coriente. Ahí radica el problema, en cómo está montado todo, en el sistema. Sólo las personas que se alejan del sistema, de la vida mundana, pueden de verdad conseguir el objetivo que estas terapias buscan.
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